
Natalia Bernachini
Entrevista a Natalia Bernachini, docente de nivel secundario del Instituto Inmaculada Concepción
"No se toman medidas de prevención, sino que se ataca el problema cuando ya pasó"
Por Candela Botas
En este contexto, el incremento del 30% en la tasa de suicidios en adolescentes entre 2023 y 2024 en la Ciudad de Buenos Aires, nos invita a pensar en el rol de las instituciones educativas y el acompañamiento que reciben de quienes las conducen. Docentes y directivos son muchas veces los primeros en detectar signos de alerta en sus estudiantes, pero no siempre cuentan con la formación o los recursos necesarios para abordar esas situaciones. Esto abre el debate sobre la importancia de generar instancias de capacitación, redes de apoyo y políticas públicas que integren la salud y la educación, con el fin de que las escuelas puedan convertirse en un espacio de cuidado y prevención más sólido.
Con más de dos décadas en la docencia y una trayectoria que abarca tanto primaria como secundaria, la profesora señala cómo la escuela se ha convertido en un espacio donde se reflejan las dolencias emocionales de los adolescentes. Desde su punto de vista, los discursos sociales que se ven hoy, cargados de violencia, logran insertarse en las aulas, terminando por verse representados en la tristeza y angustia de los estudiantes. Si bien existen protocolos institucionales que orientan a los docentes a derivar las problemáticas al equipo de orientación, reconoce que muchas veces las herramientas resultan insuficientes.
Desde su mirada, el Estado aún aborda la problemática de manera reactiva y no preventiva, es decir, la presencia del Ministerio suele darse solo ante denuncias o hechos de violencia ya consumados. Lo que falta son programas continuos de formación que brinden recursos concretos a los educadores, así como actividades que promuevan la tolerancia y prevengan el bullying. El desafío para Natalia es construir una red entre la escuela, familias y políticas públicas, en donde puedan trabajar de forma conjunta, no solo cuando el problema estalla, sino desde antes, teniendo como prioridad la prevención y cuidado.
¿Cuánto tiempo hace que trabaja con adolescentes?
Trabajo como docente desde hace 21 años, en primaria y secundaria. Desde 2008 estoy en el colegio Inmaculada Concepción, en el barrio de Almagro. A lo largo de estos años he trabajado con todos los cursos de secundaria, desde primer año hasta quinto.
Desde su experiencia, ¿percibe que los adolescentes muestran cada vez más malestar emocional, angustia o señales que pueden estar asociadas a conductas suicidas?
Sí, cada vez se ven más adolescentes angustiados, tristes. A nivel social los discursos que se escuchan llenos de violencia y odio un poco se van metiendo en la piel de los chicos, se ve mucho discurso repetido que los chicos llevan al aula, pero es algo que justamente repiten y que desde mi punto de vista por algún lado, toda esa violencia, tiene que salir, por eso, creo que se ven tantos casos de chicos atravesando profunda tristeza, es el reflejo de la sociedad que tenemos. También otro punto clave desde mi visión fue la pandemia, el encierro en muchos de ellos no fue favorable, y hay que tener en cuenta qué es lo que viven estos chicos en sus casas, cuál es la realidad que los atraviesa por fuera de la institución.
¿Le ha tocado enfrentar situaciones relacionadas con este tipo de conductas? (intentos de suicidio, autolesiones o alertas de parte de los alumnos)
Sí, me pasó de tener 3 casos de autolesiones, las que uno puede ver claro, porque hay otras que se provocan en la casa. Y dentro de las que pude ver, llegué a notarlo ya que vi sus lesiones, es en ese momento cuando debemos accionar, preguntarle y cuando se da la confirmación por parte del alumno es que notificamos a los padres.
¿Considera que los docentes están preparados para detectar y acompañar a estudiantes en riesgo?
La realidad es que no del todo. Muchas veces el docente se encuentra con la situación de sorpresa, y lo que hacemos para intentar ayudar al alumno es recurrir a nuestra experiencia personal o al protocolo institucional, pero no contamos con herramientas sólidas de formación. Es un terreno en el que siempre queda la sensación de que no estamos haciendo nada o que podríamos hacer más.
¿Qué recursos brinda la escuela cuando aparece un caso de crisis emocional o riesgo de suicidio?
Como recurso tenemos el Protocolo de la Institución que consta en primera instancia, se recurre al departamento de orientación y se busca el diálogo con el estudiante. Luego se convoca a las familias y se les comparte lo observado. La escuela hace de puente, pero el acompañamiento especializado termina quedando en manos de profesionales externos. El contacto con la familia es clave para sostener al alumno. Después ya son las familias quienes acuden a un especialista, pero deben mantenerse en contacto con la institución.
¿Reciben capacitaciones o formación específica por parte del Ministerio de Educación de CABA en torno a salud mental adolescente?
Nunca en mis años de docencia tanto en primaria como secundaria recibí del Ministerio algún tipo de charla u otro tipo de formación. También entiendo que se ven como casos aislados, pero igualmente todos debemos formarnos para estar preparados para acompañar una realidad así. Falta trabajar muchísimo en temas como inteligencia emocional y manejo de emociones.
¿Cree que el Estado acompaña lo suficiente a las escuelas frente a estas situaciones?
No, yo creo les falta acompañar estos casos, porque la ayuda que viene del Ministerio se da cuando hay casos de denuncias al colegio, o si un chico ejerce violencia, en donde ahí sí vienen al colegio desde el Ministerio, proponiendo actividades continuas o trabajando en el aula con los chicos. Pero no es algo que uno reciba aunque no nos esté pasando nada, no se toman medidas de prevención, sino que se ataca al problema cuando ya pasó.
¿Qué políticas o programas faltan en el sistema educativo para prevenir y contener estas problemáticas?
Falta muchísimo perfeccionamiento para el docente en cuanto a actividades que fomenten la tolerancia en esta microsociedad que es el aula. Se necesitan más herramientas en cuanto a qué se debe hacer en casos de bullying, cómo intervenir sin exponer al chico o chica, y el cómo trabajarlo, yo creo que falta un montón. También poder reflexionar junto a los chicos hasta qué punto el bullying y los comentarios pueden dañar a otro hasta el punto que esa persona deje de quererse a sí misma, se empiece a "esconder" más y llegue al punto de hacerse daño a sí mismo por no ser aceptado.
También es importante reflexionar con los chicos hasta qué punto el bullying y los comentarios pueden dañar a otro, llegando al punto en que esa persona deje de quererse a sí misma, empiece a "esconderse" y, finalmente, se haga daño por no ser aceptada.
